Repasamos con Susana Rodríguez

Lee la siguiente información sobre la paratleta y escribe un texto con ella utilizando los tiempos de pasado. ¿Cuáles has utilizado? ¿Por qué?

Ahora mira este vídeo y, a continuación, lee la transcripción. ¿Qué tiempo verbal está marcado con negrita? ¿Por qué se utiliza en estas frases?

Para correr, necesitamos la vista.
Sin ella nos hace falta una guía.
Alguien que nos indique el camino.
También necesitamos un alma
que nos empuje, que nos inspire.
Que nos sostenga cuando nos caemos.
Las dos van juntas unidas por dos hilos.
Uno real, ata los cuerpos.
Otro invisible, ata los sueños.

Susana Rodríguez solo tiene un 5% de agudeza visual.
Es triple campeona mundial de triatlón.
Nos representará en Tokio 2021.
Invencible no es quien nunca cae sino quien siempre se levanta.

Conoce a Susana Rodríguez, médico y triatleta paralímpica

RESPUESTAS:
Nombre: Susana Rodríguez Gacio
Edad: 33 años
Lugar de residencia: Vigo
Nacionalidad: solo indica que es de Galicia
Profesión: dice que es médico, en el vídeo leemos que es triatleta paralímpica
Hobbies: viajar, estar con su familia y sus amigos, escribir para expresar sus sentimientos
¿Qué quería ser de pequeña? Por un lado, profesional sanitaria y, por otro, deportista. Quería representar a su país en algún deporte.
¿Qué es la vida para ella?
Un conjunto de oportunidades para disfrutar y aprender.
¿Qué es lo peor que le ha pasado?
Perder a una persona querida repentinamente, sin tener la posibilidad de despedirse.

Selección de videocurrículums

Mishelle Moya Lozano, estudiante de Ingeniería Industrial (Perú)


Sebastián Treviño, estudiante de Finanzas y Banca (México)


Ana Gómez, profesora de español (España)

La información que da sobre sí misma en su página Lapiz de ELE también es muy interesante para utilizarla en clase de español (v. Sobre mí).


Yaisha Ramón, técnica de realización audiovisual (España)


Luisina Latorre, atención al cliente (Argentina)


José Manuel Blanco, Ingeniero Agrónomo (España)

CV impresoCuenta en Linkedin Blog Personal


Xavi Puig, entrenador de golf (España)


Alejandro Blanco Castro, estudiante de publicidad (España)

Relatos breves

LA MÚSICA

Era un mago del arpa. En los llanos de Colombia, no había fiesta sin él. Para que la fiesta fuera fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí, con sus dedos bailanderos que alegraban los aires y alborotaban las piernas. Una noche, en algún sendero perdido, lo asaltaron los ladrones. Iba Mesé Figueredo camino de una boda, a lomo de mula, en mula él, en la otra el arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a golpes. Al día siguiente, alguien lo encontró. Estaba tirado en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo, con un resto de voz:

-Se llevaron las mulas.
Y dijo:
-Y se llevaron el arpa.
Y tomó aliento y se rió:
-Pero no se llevaron la música.

Eduardo Galeano, Patas arriba: La escuela del mundo al revés (1998)


LOS NADIES

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, 1971


¿QUÉ NO INVENTARON LOS CHINOS?

Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo.

Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa. El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del pasado de una nación que inventó casi todo.

La seda nació allí, hace cinco mil años.

Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té.

Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas.

Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura.

Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla.

Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero.

Hace mil novecientos años, inventaron el papel.

Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas.

Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón.

Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso.

También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias.

Eduardo Galeano, Espejos, Una historia casi universal (2008)


PÁJAROS PROHIBIDOS

Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener « ideas ideológicas », recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen en la entrada a la cárcel.

El domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el domingo pasa. Didashkó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en la copa de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:
—¿Son naranjas? ¿qué frutas son?
La niña lo hace callar:
—Ssssshhhh.
Y en secreto le explica:
—Bobo, ¿no ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

Eduardo Galeano, Memoria del fuego (1982-1986)


AMOR CIBERNAUTA

Se conocieron por la red. Él era tartamudo y tenía un rostro brutal de neanderthal: cabeza enorme, frente abultada, ojos separados, redondos y rojos, dientes de conejo que sobresalían de una boca enorme y abierta, cuerpo endeble y barriga prominente. Ella estaba inválida del cuello hasta los pies y dictaba los mensajes al computador con una voz hermosa, pausada y clara que no parecía tener nada que ver con ella; tenía el cuerpo de una muñeca maltratada. Fue un amor a primer intercambio de mensajes: hablaron de la armonía del universo y de los sufrimientos terrestres, de la necesidad del imperio de la belleza y de los abyectos afanes de los mercaderes de la guerra, de la abrumadora generosidad del espíritu humano que contradice la miseria de unos pocos. Leían incrédulos las réplicas donde encontraban una mirada equivalente del mundo, no igual, similar, aunque enriquecida por historias y percepciones diferentes. Durante meses evitaron hablar de sí mismos, menos aún de la posibilidad de encontrarse en un sitio real y no virtual. Un día él le envió la foto digitalizada de un galán. Ella le retribuyó con la imagen de una bailarina. Él le escribió encendidos versos de amor que ella leyó embelesada. Ella le envió canciones con su propia voz, él lloró de emoción al escuchar esa música maravillosa. Él le narraba con gracia los pormenores de su agitada vida social, burlándose agudamente de los mediocres. Ella le enviaba descripciones de sus giras por el mundo con compañías famosas. Ninguno de los dos jamás propuso encontrarse en el mundo real. Y fue un amor de sueños, de mensajes, de versos, de canciones. Fue un amor verdadero, no virtual, como los que suelen acontecernos en ese lugar que llamamos realidad.

Diego Muñoz Valenzuela, Ángeles y Verdugos (2002)


LIMPIADORAS

En un acto académico celebrado en la Universidad de Nueva York, al que fuimos invitados no hace mucho un grupo de escritores de distintas nacionalidades, aunque todos de habla española, intervino de repente una mujer que se encontraba entre el público. Primero nos felicitó por todo lo que hasta entonces habíamos dicho, y a con­tinuación nos explicó que ella era portorriqueña y que se ganaba la vida en aquella ciudad limpiando oficinas por las noches.

Yo ya conocía a estas mujeres que entraban en los grandes edificios de la burocracia neoyorquina cuando la mayoría de la población se metía en la cama, y que se pasaban la noche deambulando por aquellos espacios va­cíos arrastrando una aspiradora o blandiendo una gamu­za para el polvo: mi hotel se encontraba frente a uno de estos edificios y, como solía llegar tarde e insomne a la habitación, intentaba atraer el sueño bebiendo el último vaso de agua, mientras contemplaba la fantasmal activi­dad que se desarrollaba a esas horas en el edificio de en­frente.

La mujer describió con enorme habilidad el senti­miento de indefensión y soledad que provocaba a tales horas entrar en un ascensor o bajar por unas escaleras fantasmales.Todos estábamos fascinados por su relato, pero tam­bién un poco incómodos, porque no sabíamos hacia dónde se dirigía. Finalmente, denunció que la mayoría de aquellas mujeres que limpiaban oficinas en turno de no­che padecían una situación permanente de acoso sexual por parte de sus jefes, que por lo general eran blancos y norteamericanos.

Este final fue saludado por un largo e inquietante si­lencio que el moderador rompió al fin, señalando educa­damente que aquello, aun siendo terrible, no tenía nada que ver con aquel acto académico. ¿Realmente no tenía nada que ver?, me pregunté esa noche frente al edificio de 8 oficinas que había frente a mi hotel. Quizá no, pero es lo único que mi memoria ha logrado salvar de ese viaje.

Juan José Millás, Articuentos (2011)


LA SEÑAL LEJANA DEL SIETE

El ángel se le apareció en el sueño y le entregó un libro cuya única señal era un siete. En el desayuno miró servidas siete tazas de café. Haciendo un leve ejercicio de memoria reparó en que había nacido día siete, mes siete, hora siete. Abrió el periódico casualmente en la página siete y encontró la foto de un caballo con el número siete que competiría en la carrera siete. Era hoy su cumpleaños y todo daba siete. Entonces recordó la señal del ángel y se persignó con gratitud. Entró al banco a retirar todos sus ahorros. Empeñó sus pertenencias, hipotecó la casa y consiguió préstamo. Luego llegó al hipódromo y apostó todo el dinero al caballo del periódico en la ventanilla siete. Sentóse —sin darse cuenta— en la butaca siete de la fila siete. Esperó. Cuando arrancó la carrera, la grada se puso de pie uniformemente y estalló en un desorden desproporcionado; pero él se mantuvo con serenidad. El caballo siete cogió la delantera entre el tamborileo de los cascos y la vorágine de polvo. La carrera finalizó precisamente a las siete y el caballo siete, de la carrera siete, llegó en el lugar número siete.

Pedro Antonio Váldez, Papeles de Astarot (1992)


LA RANA QUE QUERÍA SER UNA RANA AUTÉNTICA

Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Augusto Monterroso, La oveja negra y demás fábulas, 1969


GÉNESIS

Con la última guerra atómica, la humanidad y la civilización desaparecieron. Toda la tierra fue como un desierto calcinado. En cierta región de Oriente sobrevivió un niño, hijo del piloto de una nave espacial. El niño se alimentaba de hierbas y dormía en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror del desastre, solo sabía llorar y clamar por su padre. Después sus recuerdos se oscurecieron, se disgregaron, se volvieron arbitrarios y cambiantes como un sueño; su horror se transformó en un vago miedo. A ratos recordaba la figura de su padre, que le sonreía o lo amonestaba, o ascendía a su nave espacial, envuelta en fuego y en ruido, y se perdía entre las nubes. Entonces, loco de soledad, caía de rodillas y le rogaba que volviese.

Entretanto la tierra se cubrió nuevamente de vegetación; las plantas se cargaron de flores; los árboles, de frutos. El niño, convertido en un muchacho, comenzó a explorar el país. Un día, vio un ave. Otro día vio un lobo. Otro día, inesperadamente, se halló frente a una joven de su edad que, lo mismo que él, había sobrevivido a los estragos de la guerra atómica.

-¿Cómo te llamas? -le preguntó.

-Eva -contestó la joven-. ¿Y tú?

-Adán.

Marco Denevi (1922-1998)


APOCALIPSIS

La extinción de la raza de los hombres se sitúa aproximadamente a fines del siglo XXXII. La cosa ocurrió así: las máquinas habían alcanzado tal perfección que los hombres ya no necesitaban comer ni dormir ni hablar ni leer ni escribir ni pensar ni hacer nada. Les bastaba apretar un botón y las máquinas lo hacían todo por ellos. Gradualmente fueron desapareciendo las mesas, las sillas, las rosas, los discos con las nueve sinfonías de Beethoven, las tiendas de antigüedades, los vinos de Burdeos, las golondrinas, los
tapices flamencos, todo Verdi, el ajedrez, los telescopios, las catedrales góticas, los estadios de fútbol, la Piedad de Miguel Ángel, los mapas, las ruinas del Foro Trajano, los automóviles, el arroz, las sequoias gigantes, el Partenón. Sólo había máquinas. Después, los hombres empezaron a notar que ellos mismos iban desapareciendo paulatinamente y que en cambio las máquinas se multiplicaban. Bastó poco tiempo para que el número de máquinas se duplicase. Las máquinas terminaron por ocupar todos los sitios disponibles. No se podía dar un paso ni hacer un ademán sin tropezarse con una de ellas. Finalmente, los hombres fueron eliminados. Como el último se olvidó de desconectar las máquinas,
desde entonces seguimos funcionando.

Marco Denevi (1922-1998)


APOCALIPSIS (II)

El fin de la humanidad no será esa fantasmagórica ideada por San Juan en Salmos. Ni ángeles, ni monstruos ni batallas en el cielo o en la tierra. El fin de la humanidad será lento, gradual, sin ruido, sin patetismo: una agonía progresiva. Los hombres se extinguirán uno a uno. Los aniquilarán las cosas, la rebelión de las cosas, la resistencia, la desobediencia de las cosas. Las cosas, después de desalojar a los animales y a las plantas e instalarse en todos los sitios y ocupar todo el espacio disponible, comenzarán a mostrarse arrogantes, despóticas, volubles, de humor caprichoso. Su funcionamiento no se ajustará a
las instrucciones de los manuales. Modificarán por sí solas sus mecanismos. Luego funcionarán cuando se les antoje. Por último, se insubordinarán, se declararán en franca rebeldía, se desmandarán, harán caso omiso de las órdenes del hombre. El hombre querrá que una máquina sume, y la máquina restará. El hombre intentará poner en marcha un motor, y el motor se negará. Operaciones similares y cotidianas como encender la televisión o conducir un automóvil se convertirán en maniobras complicadísimas, costosas, plagadas de sorpresas y de riesgos. Y no sólo las máquinas y lo motores se amotinarán: también los simples objetos. El hombre no podrá sostener ningún objeto entre las manos porque se le escapará, se le caerá al suelo, se esconderá en un rincón donde nunca lo encuentre. Las
cerraduras se trabarán. Los cajones se aferrarán a los montantes y nadie logrará abrirlos. Modestas tijeras mantendrán el pico tenazmente apretado. Y los cuchillos y tenedores, en lugar de cortar la comida, cortarán los dedos de quienes los manejan. No hablemos de los relojes: señalarán cualquier hora. No hablemos de los grandes aparatos electrónicos: provocarán catástrofes. Pero hasta el bisturí se deslizará, sin que los cirujanos puedan impedirlo, hacia cualquier parte y el enfermo morirá con sus órganos desgarrados. La humanidad languidecerá entre las cosas hostiles, indóciles, subversivas. El constante forcejeo con las cosas irá minando sus fuerzas. Y el exterminio de la raza de los hombres
sobrevendrá a consecuencia del triunfo de las cosas. Cuando el último hombre Desaparezca, las cosas frías, bruñidas, relucientes, duras, metálicas, sordas, mudas, insensibles, seguirán brillando a la luz del sol, a la luz de la luna, por toda la eternidad.

Marco Denevi (1922-1998)


LA FE Y LAS MONTAÑAS

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

Augusto Monterroso (1921-2003)


HUMORISMO

El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico.

En las guerras deja de serlo porque durante éstas el hombre deja de serlo. Dijo Eduardo Torres: “El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo”.

Augusto Monterroso (1921-2003)

Tareas de expresión escrita

Actividades de expresión escrita para el nivel B2 de español general:

  1. Carta de motivación para participar en el curso
  2. Carta al director para opinar sobre la retirada de la estatua de Colón en Barcelona
  3. Participación en el foro ¿Son compatibles el turismo y el desarrollo sostenible?
  4. Artículo sobre el cambio climático para una revista universitaria.
  5. Carta al director sobre el comercio de especies invasoras (v. artículo en alemán)
  6. Texto de opinión sobre la pregunta de autoidentificación étnica en el censo peruano