Soneto

Dice que el sol templa la nieve de los alpes, y los ojos de Lisi no templan el hielo de sus desdenes.

Miro este monte que envejece enero,
y cana miro caducar con nieve
su cumbre que, aterido, oscuro y breve,
la mira el sol, que la pintó primero.

 Veo que en muchas partes, lisonjero, 
o regala sus hielos, o los bebe;
que, agradecido a su piedad, se mueve
el músico cristal libre y parlero.

Mas en los Alpes de tu pecho airado,
no miro que tus ojos a los míos 
regalen, siendo fuego, el hielo amado.

Mi propia llama multiplica fríos,
y en mis cenizas mismas ardo helado,
envidiando la dicha de estos ríos.

FRANCISCO de quevedo (Las tres musas últimas castellanas)


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